Las Afinidades Electivas inicia en Argentina en el año 2006 creada por Alejandro Méndez. Es una antología en crecimiento exponencial siendo replicada en varios países de nuestro continente y en Europa. Difunde la poesía viva en forma libre y sin discriminación. Si quieres participar, es muy fácil; al ser mencionad@ por un@ poeta, envía a: mendia.gladys@gmail.com lo siguiente: una foto (máx. 50 KB); 5 poemas (indicando título y referencias editoriales, en el caso de tenerlas); una breve reseña personal y una lista de 5 poetas viv@s (incluyendo sus emails) con los que sientas la misma vibra.

jueves, 28 de enero de 2010

César Seco (1959)



Poeta, ensayista y editor, Coro, 1959. Fundador de la Casa de la Poesía "Rafael José Álvarez" y de la Bienal Internacional de Literatura "Elías David Curiel". Director de la Revista OIKOS (Premio Nacional del Libro, 2005). Uno de los principales poetas de la generación que comenzó a publicar durante los años 90. Integró la redacción de la Revista Poesía y fue colaborador del suplemento literario Verbigracia, de El Universal. Ha sido galardonado dos veces con el Premio Municipal de Literatura de la Alcaldía de Miranda del Estado Falcón (1993 y 2000). Con el libro El viaje de los Argonautas y otros poemas obtuvo el Premio de Poesía Bienal de Literatura «Ramón Palomares» (Trujillo, 2005). Ha publicado los libros: El laurel y la piedra, 1991; Árbol sorprendido, 1995; Oscuro ilumina, 1999, Mantis, 2004, El Viaje de los Argonautas y otros poemas (2006), Lámpara y Silencio (Antología poética, Monte Ávila Editores, 2007), y Transpoética (Ensayos, 2009). Ha participado como invitado en la Feria Internacional del Libro de La Habana, Cuba (2004), en el Festival Internacional de Poesía de La Habana, Cuba (2005, en el Festival Internacional de Poesía de Medellín, Colombia (2006),y en la Fiesta Literaria Internacional de Porto de Galinhas, Recife, Brasil(2007).


CASCABEL


El viejo círculo de las palabras regresa
a una casa con muelle y barandas rojas
donde un hombre interroga a su rodilla.
¿Qué es lo que hace pender aún al zapato
en la pared sin clavo en la que no hay nada?
¿Por qué está crujiendo el muelle,
por qué se va borrando la loma
por detrás con azahares y la puerta
es un candado vencido que no abre?
¿Qué escucha ese hombre?
¿Qué canta aún que no haya silbado
como todo lobo a su luna?
Algo habrá de ocurrir para que sane.
La nube llegó para no irse /
el golpe de rocas vino de arriba /
lo que el torrente trajo/
lo que contestó la otra orilla.
La única veracidad es un cuchillo
y un huevo frito en la mesa.
Alguien que me conoce
abre el periódico.

PLEGARIA DE UN LOCO

Un día vino decidido a contarnos.
Vino armado como dijo la palabra que vendría.
Sus dientes eran dos sierras girando
a la velocidad de un esmeril.
El cielo juntó sus nubes,
unas pocas apenadas quedaron detrás de las lomas
y el dado cayó de filo
sin ningún número.





DESLAVE

A Juan Calzadilla

Nada mío quedó donde viví.
A lo más fueron unas paredes
que levantó mi padre en la ensenada
cuando nos venimos de Coro.

Ya encontraré donde leer
y recordar a mi hermana
que pudo escapar en una nevera,
pero no sé a dónde fue a parar.

LA PLAYA DE LOS CIEGOS

En la tormenta respirable de estas aguas cabe
la diadema de los resplandores lunares.
En la colina que media entre la iglesia y el bar
va el fantasma apurado de mis años.
Va deshojando el cuaderno que sostuvo su voz,
el guijarro que hoy le devuelven las olas.
No sé explica por qué el ultraje constante
de la memoria insiste en desenvainar puñales
que aciertan en el pecho una muerte repetida.
Busca aire, sílabas, tal vez luceros.
La misma historia sucesiva en que sus manos
aguardan el pan escrito para llevárselo a la boca.
Son sus manos esa juntura entre la mesa y el plato,
esa sed, esa hambre.
Las palabras tal vez no digan lo que él sabe o digan
lo que no; le bastará que silencien todo ruido de afuera.
Sobre el limpio mantel los ojos que lo vieron:
el escurrirse de las palabras una a una con el viento.
El pálpito como la noche estuvo creciendo
en la pelambre del gato guarecido bajo la mesa.
La lámpara hacía más blanca la cal de las paredes.
El cuaderno estuvo abierto más de una noche frente a él,
mientras afuera el mundo volaba en pedazos
y a los clavos los arrojaba la madera
dejando que el fluir de estas aguas hiciera el resto.
Cuánto esperó escuchando el rugir del animal suelto que era.
Al amanecer la persistencia de las olas lo borró.
Su espuma breve fue sustituida por el viento.

OBSTENTACIÓN

Entiéndase que no son rumores de la gente.
Tuve un barco y cocineros de punta en blanco.
Más de una vez tuve aquí al poder de turno
y artistas y poetas que me alegraron la vida
y desordenaron la de mis mujeres.
Por suerte tuve la fotografía para no morir
del todo entre tantos halagos y tanto acontecer
que hoy no me sirve de nada, sin nada.
Estoy aquí como uno más y no me avergüenza
respirar el mismo aire de los que me tocaron
la puerta por unas monedas y sólo encontraron
el mendrugo de pan de mi alegre hastío.
El restaurant es el amasijo de unas latas.
El Hotel, ese saco roto de paredes deshechas.
La piscina fue a parar a la orilla de la playa.
Me trajeron aquí con los ojos revueltos por la arena.
Todos mis huesos están sueltos, regados por ahí,
en algún espacio que les dispensan mis órganos.
Estoy atado a mangueras, al pestañear de una luz roja.
Me duele la piel, el sentido, me duele todo.
No quiero saber por qué estoy vivo, pero lo estoy
y eso también me duele. Le pediré a la enfermera
que me acerqué lo único que las aguas me dejaron:
la cámara. El tiempo es irrecuperable ya.
El paisaje me habla ahora de otra manera,
lo que tenía que decir ya lo dijo.

(del libro inédito La playa de los ciegos)


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