martes 17 de agosto de 2010
Camilo Morón (1972)
(Santa Ana de Coro). Licenciado en Historia; Licenciado en Letras, mención Historia del Arte; Licenciado en Educación, mención Historia; Magister Scientiae en Etnología, mención Etnohistoria. Ha sido galardonado con el Premio de la Dirección de Asuntos Estudiantiles (DAES) de la Universidad de Los Andes en cuatro ocasiones; el Premio de Literatura del Instituto de Cultura del Municipio Libertador (INMUCU), Estado Mérida, en dos ocasiones; el Premio Nacional de Literatura Historias de Barrio Adentro, Ministerio del Poder Popular para la Cultura, edición 2009; el Premio Nacional de Literatura Ramón Palomares en su edición de 2007. Director-fundador del semanario estudiantil Vértigo de la Federación de Centros de Estudiantes de la Universidad de Los Andes. Ha publicado Piedras Vivas en Falcón (catálogo fotográfico), Dirección de Cultura y Extensión de la Universidad de Los Andes, 2006. Ixión (poemario), Instituto de Cultura del Estado Falcón, Fondo Mixto Estadal Falcón, 2007. Piedras Vivas en Falcón (estudio sobre estaciones de petroglifos) Alcaldía del Municipio Petit, Dirección de Cultura y Extensión de la Universidad de Los Andes, 2008. Manaure: al Filo de la Eternidad y el Mito (ensayo de etnohistoria) Universidad Nacional Experimental Francisco de Miranda, Universidad de Los Andes, 2008. El Estremecimiento del Velo, Gobernación Bolivariana de Trujillo, Coordinación Trujillana de Cultura, Fondo Editorial Arturo Cardozo, 2008. Actualmente se desempeña como Prof. de las cátedras: Patrimonio Histórico, Cultural y Natural, Museología y Folklore, investigador del Centro de Investigaciones Antropológicas, Arqueológicas, Paleontológicas (CIAAP) de la Universidad Nacional Experimental Francisco de Miranda. Es Director-fundador de La Fundación de Investigaciones Humanísticas Cudán de Cuté.
I
Un bar en cálida penumbra
y la suave aromática carne de madera.
La oscuridad como un traje viejo pegada a la piel,
y de piedra y ámbar la conciencia
navegando saudades en un vaso de cerveza.
Perfila la noche canciones ausentes.
Trasiego el silencio círculos concéntricos.
II
Esta ciudad amarilla
enrejada en su silenciosa lluvia de arena y de tiempo
Esta ciudad apergaminada
colonial y vulgar y lamentablemente pantallera
a la vuelta desordenada de todas sus esquinas
que consagran sus instintos de canalla de puta y de beata
Esta ciudad desmemoriada
y milenaria
abre las piernas e invita a ultrajarla en un acto de entrega infinita
Esta ciudad de casas de fango seco y cuentos tuertos
me ha dado a beber barro desde su pecho de adobe
y ha criado en mi cabeza
una pajarera de sueños bravos
Esta ciudad de amos impotentes y esclavos sublevados
canta sus llagas
con una canción de guijarros impostores
Y sus paredes caen manchadas por la lepra de los años
Y abre sus puertas en la noche a una jauría de sombras
Y yo voy encendiendo las luces
en las cuencas vacías de las olvidadas calaveras
una a una
III
Llegar hasta ti y en ti por todos tus caminos.
Descifrarte en esta hora de plenilunio
en la escritura cifrada de tu piel transparente y tus lunares.
Sencillamente,
abandonarte como un cuento vacío
que se desploma palabra a palabra en la lengua.
Recomponer tu rostro a mi imagen y semejanza,
sabiendo que cada trazo es una mentira a dos manos.
Celebrar en esta hora de plenilunio
la luz herida desde adentro
de todas tus máscaras.
IV
A veces,
cuando nos permitimos reconocernos
hijos de nuestras madres y de nuestros padres,
hijos de lo que alguna vez fue deseo y acaso lujuria,
sentimos como una pincelada
la mirada, el toque esquivo de las manos.
Entonces desear la piel, los nervios, la carne,
tender el alma para palpar el calor o el vacío.
Sentirse morir milagrosamente con cada orgasmo.
Una breve, pequeña muerte.
Entreabrir los ojos cansados y aún soñadores,
nuestros ojos, como ojos de pájaros.
Aleteos lejanos y cantos cercanos
y un animal sagrado
tendido en la infancia
sacrificado en el barro.
Y nuestros pensamientos se marchan inmaculados
hacia la desnudez plena de un día juvenil de verano.
V
La distancia tiene las proporciones justas de un cuerpo, de una silueta ausente,
el color mojado de ojos que no veo pero que presiento,
el sabor de una boca que no abre beso alguno,
que alimenta apenas el aroma de una sombra.
La distancia es el eco de un orgasmo que se desdibuja lentamente sobre el cuerpo.
Nombra a 5 poetas:
JENNIFER GUGLIOTTA
RODOLFO QUINTERO
EVER DELGADO
KARELIN BUENAÑO
JOSÉ ANTEQUERA
sábado 14 de agosto de 2010
Edmundo Aray (1936)
Cuentista, poeta, investigador, director, editor, cineasta y ensayista. Perteneció al grupo literario Vasudeba (1956-1957), al grupo y revista Sardio (1958-1962). También es fundador de El Techo de la Ballena (1963-1968) y creador de la revista Rocinante (1969-1978). Colaborador en páginas literarias y culturales de diversos periódicos. Utilizó el seudónimo de Atilio Rey en sus escritos de prensa.
Su obra ha sido traducida al inglés, alemán, árabe, japonés e italiano. Es fundador en 1974 del Comité de Cineastas de América Latina, Miembro Fundador de la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano y de sus Consejos Superior y Directivo. Fue Director General de la Escuela Internacional de Cine y Televisión (EICTV) de San Antonio de los Baños, Cuba, entre los años 2000 y 2002. También dirige la filial de la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano, Capítulo Mérida, y ha sido promotor de diversas publicaciones relacionadas con el nuevo cine latinoamericano.
Como cineasta, con Simón Bolívar, ese soy yo, recibió los premios Mejor Película y Mejor Guión del Concejo del Municipio Libertador en 1994. Obtuvo el Premio Nacional de Cinematografía (CONAC), el Premio Nacional de Cine Monseñor Pellín (1991 y 1994) y Personaje del Año en Cine.
Libros publicados: Alias el Rey del Joropo (1997), Bolívar, de San Jacinto a Santa Marta; Antología Poética (La vida a la muerte unida: 1958-1999), Manuela Sáez, ésa soy yo (2000), Simón Rodríguez, ése soy yo (2000); José Martí, ése soy yo (2002), Sucre, ése soy yo (guión literario ó novela cinematográfica); Libro de Héroes (2004), Tierra Negra, Tierra Roja; José Martí. Versos Epistolares (Inédito); Adiós, Colombia (Inédito); Bolívar, el martirio de la gloria (Inédito).
Participó como jurado del Premio Casa de las Américas y en diversos festivales de cine, nacionales y regionales. Actualmente, es vicepresidente de la Casa de Nuestra América José Martí.
CINCO POEMAS DEL LIBRO INÉDITO
20 POEMAS MADE IN USA
Y UNA CANCIÓN ESPERANZADA
NOS DESPOJARON ¡AY!
I
Cultivábamos la tierra en común.
De todas y de todos los trofeos
De la caza y de los ríos.
Ni leyes ni ordenanzas.
Ni togas ni regentes, ni
De maldiciones abrumado
El cielo.
II
Del trabajo de todos
Vivíamos
Porque de todos era el sol
Y el viento y las tribulaciones.
Pólvora y arcabuces
Desbarataron nuestras vidas.
Nos despojaron ¡Ay!
Del caballo turquí del dios sol.
III
Así que me mataste
Y me torturaste
Y quemaste mis poblados
Y mis campos de trigo.
Y odiaste a las bellas
Muchachas porque
A toda hora del día
Y de la noche eran dulces
Como las flores.
Como estrellas de la noche
Sus resplandecientes ojos,
Como la aurora.
IV
Del trabajo y del amor
Vivíamos. De cuanto
Ordenaba el corazón.
De las dulzuras de la carne,
De la cambiante luna,
De los ardientes pájaros
Del sol.
SUPE DE LA ESPERA, AMY LOWEL
Supe de la espera, Amy Lowell,
De los padecimientos del desamor.
Habías encendido
Las calles de la ciudad
Con tus ardores.
Habías asegurado las ventanas
Para cerrarle el paso
A los fríos de la noche.
En tus hombros el cobertor
De zaraza. La pluma azul
En tu mano de temblorosa
Impaciencia. Palpitante
El corazón solitario.
Apenas si escuchabas al joven
Vecino de la dulce flauta.
Apenas si cubrías tu alma
Con los versos acariciados
En la angosta mesa
Que recogía tus desvelos.
La vieja casa ya no es tu casa.
El techo del empinado edificio
que mira hacia el cielo
Pronto cesará su abandono.
Otro edificio de altura mayor,
Y luego otro borrará los afanes.
El río fluye, Amy, la vida,
La ciudad atormentada.
El corazón de ayer
Ya no es el mismo.
Tampoco yo
UN INSTANTE DE VERANO
PARA EDNA SAINT VINCENT MILLAY
Temí por ti.
Te supuse estropeada y vencida,
Sin defensa ante el acoso,
Devorada por las alimañas
Del cuerpo y las prosternaciones
Del alma.
Volví a la ciudad una y otra vez,
Y una y otra vez salí de ella
Con la desolación partida en dos.
- Ana, toma tu desayuno.
Dan, toma tu medicina.
Yo protesto,
Simplemente protesto
Por la metástasis
Y mí desmadrada vida.
Un día como cualquier otro
Te verás en el espejo
Y nos reconocerás en ti.
Es mía, Edna, tu señal:
- Hay que seguir la vida.
No recuerdo por qué exactamente.
MISS STEIN
I
Mi peinado es mi peinado.
No es del César.
Yo soy el César en la escritura,
Nunca Shakespeare, mucho menos Joyce.
II
¿Te incomoda, mis vestimentas
De lujoso encanto?
¿Te incomoda Alice, mi fiel amante?
Alice es número uno como ama de casa,
Tejedora, jardinera, secretaria, editora.
Hasta veterinaria de perros. Pero, sobre
Todo, muy buena autora.
Entiende que no es Alice ni Gertrude.
- ¡Cómo saboreo mi nombre! -
Somos Alice, mi amada, y yo.
Somos una, la misma.
III
Amar es amar. Cualquier amor es amor.
Ser es amor. No ser es amor.
No amar es amor. Amar es amor.
Amo a mi amor Alice, con vestido
Y sombrero. La amo desnuda,
Y desnudo su pelo suelto.
De la Z a la A es mi amor.
Somos un país de maravillas.
Ella conoce todos los rincones
De mi cuerpo. Conozco todos los
Rincones de su cuerpo. Yo la hurgo,
Ella me hurga. Ella y yo hurgamos
La pasión, la pasión, la pasión.
Por el amor somos bellas, bellas,
Insoportablemente bellas para el común.
IV
Cuento cosas frecuentemente.
Frecuentemente las digo.
Frecuentemente con un sentimiento
Muy profundo, frecuentemente con
Mucho menos sentimiento, frecuentemente
Sin sentimiento, frecuentemente no con olvido
Pero ahora he olvidado. Pero, sin embargo,
Puedo decirlo otra vez, aun cuando no sea nada.
V
Cultivo el amor de Alice.
Hortelana soy de la amistad,
Jardinera del dinero.
VI
Digo que la política -¿cuál política?-
Es una araña verde que se nos acerca
A la puesta del sol.
Araña de la noche esperanza,
Araña de la mañana tristeza.
VII
No va a ser fácil encontrar a una mujer
Como Gertrude Stein. Miss Stein,
Como suelen nombrarme críticos y amigos.
No porque sea una rosa la rosa es una rosa.
NO ME DAS NOTA, EZRA
No me das nota, Ezra.
Mis amigos poetas saben por qué.
Mis enemigos, que son pocos,
También lo saben.
Aún así, los venideros días
Y las flores umbrosas
Nos acordarán de ti.
Quisiera dar por cierto
Que la vida no tiene nada mejor
Que la hora de despertar
Junto a una mujer bien amada.
Aún están frescos los pálidos
Pétalos húmedos del lirio del valle
Pues ella duerme a mi lado en la alborada.
Cómo me tienta decir
Como tú a New York:
Sopla de ti un alma
Y vivirás para siempre.
Nombra a 5 poetas:
Gonzalo Fragui,
Eduardo Zambrano Colmenarez,
Dannybal Reyes,
Tarek William Saab,
Enrique Hernández D´Jesús.
miércoles 11 de agosto de 2010
Alessandra Coronell (1992)
Cofundadora del grupo literario Aleph.
Premio de Poesía Letras Nacientes (2003)
Dos Menciones especiales y Primer lugar en el Premio nacional de poesía Cheo Rodríguez (años 2006,2007 y 2008)
Premio Regional de poesía José Numa Rojas (2009)
Mención especial en el premio nacional para poesía liceísta de La Casa de Bello (2009)
Publicaciones en Antologías: Niños poetas de Carora ( 2005), Poetas Venezolanas - BCV cultural (2009). Jóvenes poetas – Separata de la revista cultural Principia (2009.)
DE PRONTO
la ciudad ha puesto la frente en el suelo,
con la garganta trémula
desenvaina sus voces…
chiitas, suniitas
Los ojos tristes vuelven a la ceniza...
De pronto…
la calma se reproduce lejana entre el desierto
presa y muerta
inmarcesible
como doblando su compañía
la ciudad al mediodía tiene alas de libélula,
parece hecha de luz y de conservas
y a veces
cuando un niño llora
estalla en pólvora y con ojos de sierva
Me encuentra ese objeto que antes creí perdido
como si las estatuas partieran sus fríos
¿Seré algún día más libre que ahora?
como si la basura cerrara su puerta
calle abajo…
extinguida
misericordiosa
De pronto
los ojos tristes vuelven a la ceniza
nube sin agua
ventana sin luces
cerrando sus párpados
la medalla de la sombra
¿Cuántas alas tiene la libélula?
*
Lanzo la quinta piedra
esa, la del poeta.
Nos hemos hecho de prisa y de barro
como la lejana huella
de una lluvia solitaria
Nos hemos hecho y deshecho
como dunas de arena
para quedar siempre siendo lo mismo.
Andando caminos espirales
que nos indicaban pájaros desposeídos.
Un sosiego…
quieto silencio, amigo del pan.
Una sombra sedentaria
dibuja la figura de una mujer turbada.
ojos húmedos, detrás de unas manos finas.
lentamente la luz afortunada
se marcha desde el comienzo.
Afuera un niño llora lejano,
la inocencia cubre de desvelos su rostro
de ignorancia.
Y nosotros hechos de barro y prisa
parecemos también piedras.
*
La ciudad ha enmudecido
con rasgos de humo y mujer arrodillada
Paredes caídas…
Conciencia atada…
Ruinas y hediondez de las palabras desusadas
huyen en desbandadas, desmembradas y carbonizadas
las mil y una noches
Busco esa extraña palabra que añadió adioses
a los pies desaparecidos
Un símbolo…
Una luz de cruce
Sentados bajo los portales y columnas,,.
con los ojos impávidos y sin inmutarse
vemos morir las palabras donde una lejana vez
se escucho el vagido de una letra
Es como un hilo de luz que cose para siempre
la distancia entre los árboles y yo
Desatina la arena después del encuentro
donde para purificarlos la tormenta solo logra herir los ojos de Al Mutanavi
donde lo oscuro se desintegra y se pierde
Ha muerto el cementerio de libros…
Ahora solo escribo…
Y escribir es parecido a estar demasiado vivo
O a estar demasiado muerto.
A Federico García Lorca...
Hay muertos que tienen almas parecidas a los vivos
que golpean madrugadas
como quien toca la vieja puerta
de la casa de un amigo olvidado.
Los pájaros cantan
para disimular la suciedad de cada instante.
Y no sé porque tu muerte de madrugada
debió haber sido en tarde de toros.
Bajo la verde hoja gravitan tus ojos
y mi alma que te persigue.
No sé porque, y creo que no lo sabré nunca
que tus versos de granada herida
se parecen tanto a los muertos que se parecen a los vivos.
Ideas transitorias de guerras y horas malas
encima de tu muerte como postales usadas.
La tuya debió haber sido en tarde de toros,
y no como la mía, galápago
de madrugada.
2 P.M, cuatro de Abril del 2009
acepto que la paz descansa
mientras Saturno acaba de cenar su último hijo.
De mano en mano, como un pequeño murmullo
las granadas oran y son violadas.
Este no es el poema del que nacerá el poema
este no es el pensamiento que el mundo habita
entre alas rotas y luces apagadas
luces apagadas: muertas
Un poco de polvo y espíritu de bisutería
a las calles de caracas
la naturaleza invierte un poco de su amor hinchado
al perro que ha quedado en medio de la calle.
Los relojes giran rápidamente
ahora son neumáticos de automóviles
que nos descosen el camino
mis piernas mutiladas descansan en la piedad
que reciben los cuerpos muertos
Mientras mi boca deglute mi cráneo lentamente
como veras Dalí,
aquí las cosas no marchan bien.
Nombra a los 5 poetas:
Jose Pulido
Teodulo Lopez Melendez
Fausto Izcaray
Daniel Perez Astros
Mireya Krispin
martes 10 de agosto de 2010
Juan Calzadilla ( l931)
Dictado por la Jauría (l962), Oh smog (1978), Diario sin sujeto (l999) y Aforemas (2004) Su obra de ficción se halla dispersa en periódicos, revistas y en sus libros de poesía. En Bicéfalo 1974) recogió un ensayo de novela fragmentaria, y en Protofixiones reunió textos de ficción breve que estaban dispersos en
sus poemarios. Se hizo merecedor del Premio “Francisco Lazo Martí” Mención Poesía en l995 con su libro Minimales, Editor y comentarista de artes plásticas, ha publicado numerosas monografías y artículos sobre arte venezolano y contemporáneo y dirigido varias instituciones museográficas en Caracas y el interior del país. En 1996 le fue otorgado el Premio Nacional de Artes Plásticas.
Los horizontes son nuestros brazos
No convencen los postes. Choca
que siempre estén de pie.
En cambio, los horizontes
permanecen acostados.
Son demasiado orgullosos para erguirse.
No quieren que los confundan con postes.
II
El horizonte es sólo accesible
a las lejanías.
Pone siempre entre él y nosotros
las distancias.
De nada vale que te precipites
a darle alcance.
Cuando llegues a donde creías que estaba
ya se habrá mudado a otro horizonte,
que como tú es también errático y ambiguo.
Las comunicaciones inexactas
El trato con los demás es como el ladrido del perro.
Hagas lo que hagas para entenderlo, te es ajeno.
El ladrar tiene, sin embargo, una ventaja:
va en una sola dirección: del perro a ti.
En cambio, el trato con los demás
exige una respuesta:
Quiere que tú también ladres.
Cumpleaños
La humanidad decrece con el individuo,
se reduce paulatinamente,
se caricaturiza en éste.
Porque el individuo la representa.
Es su encarnación viviente.
La lenta degradación infantil de la mente privilegiada
del artista es su metáfora.
El poder del mundo disminuye
con cada hombre que envejece.
Con éste envejece todo.
Sobre un petroglifo
Déjame, piedra, retomar el hilo de la historia
en el punto en donde nada me aclaran las formas
que en la piedra primero dibujó el diluvio.
Déjame, piedra, que encuentre en ti el origen.
Déjame, piedra, que encuentre en ti la casa del ojo.
Déjame que recupere en el surco abrasivo
la habilidad del que con tanta diligencia
grabó en ti las líneas de la vida.
Cuando recuerdo mis éxitos
no crean que lo hago con nostalgia.
Por el contrario disfruto.
Pues el éxito es la parte tolerable del error
cuya suma, a la hora de hacer un balance,
es mucho mayor, mucho mayor.
Ciertamente, la columna del fracaso
está llena de cuotas que no terminaremos
de pagar, ni en esta vida ni en la otra.
Morosos nos esforzamos en hacerlo, claro está,
acosados por toda clase de acreedores
y entre éstos la muerte.
La satisfacción consiste, así pues,
en que los abonos parciales que vamos haciendo
dan al menos la ilusión de que el negocio
marcha de alguna manera,
mal que bien.
El fin también pasará
El fin también pasará
y vendrá después de éste
-el nuestro- otro fin
que también pasará.
Y así hasta que al final
el infinito cansado de esperar
diga si prefiere
dejar las cosas como están
o si, a su vez, buscará
como nosotros que otro fin,
un poco más allá
ponga el punto final.
Nombra a los poetas:
Edmundo Aray
Arturo Gutiérrez Plaza
Belkys Arredondo
Alessandra Coronell
Angela Mendoza
miércoles 24 de marzo de 2010
Jennifer Gugliota Guedez (1985)
Ocumare del Tuy, 1985. Cofundadora del Grupo Musaraña, editora de la revista Cubile, la hoja poética Madriguera y Ediciones Madriguera en Coro. Premio del XI Concurso “Rafael José Álvarez” de la Universidad Francisco de Miranda en la mención de poesía (2009). Co-autora del libro colectivo de edición artesanal “Antología de la Cueva” (2006). Poemas de su autoría figuran en el libro colectivo “Girapoema II” (2009) y la “Antología Arbitraria ME URBE. Chile-Venezuela” (2009). Autora del libro de poemas “490h” (2009) editado por Ediciones Madriguera bajo la colección de Libros Antiofídicos. Ha publicado en revistas nacionales y regionales.
Ya éramos y andábamos en guayuco,
Unos tantos desnudos.
Y no hacía falta este idioma
y sus teorías simbolistas, semánticas
y religiosas. nos bastaba el signo
para ser y éramos en verdad.
Del instrumento, naturaleza,
vibraba en nosotros y así nos
multiplicábamos. Nos contábamos
con los dedos de los pies y las manos,
con cada grano cosechado y las
lunas y los soles conjugaban
esta poesía espiritual.
Nos llamábamos y la lengua
se hacía rio, se hacía mar,
montaña y desierto. palpitábamos
en la tierra, manteníamos la respiración de los arboles.
Ya éramos cuando su dios
se posó en esta orilla. Ya vivíamos
al son de nuestra sangre, de nuestras luchas
y cotidianidades.
Éramos pues un pueblo libre,
descubierto, nos conocíamos.
La ciudad está perimetrada.
Hoy prometí llevar a los niños al cine,
hace ya un año.
Los tomo de la mano, hago cotufas en la cocina
de la vecina. Tiene en su tele una porno.
Tapo los ojos de los niños y los llevo al gallinero.
Nos sentamos y vemos desde la cima de esta
tierra como el gallo picotea el suelo, como
surge el gusano que logra huir de la gallina
pero no de la paloma
que salió desde el tejado y en picada tropieza
con el árbol y arremete contra la vida del gusano,
que yace feliz en el suelo burlándose del gallo
y sus gallinas.
Todos vienen cargados de amalgamas,
doraditos, sabrositos,
calculando entre ellos disparates, comiendo,
vomitando, firmando papeles,
pagando hipotecas.
En fila, juntando sus manitos, sollozando,
escribiendo para el recital de la noche,
interpretando la corrupción,
interrumpiendo este día
el instante en que escucha música,
empaca su ropa
y va juntando las manos con otros.
Mientras en el cuarto azul, a dos cuadras y media
el despecho se incorpora en el muñeco de cerámica navideño.
Ella lloró sutilmente,
mojó sus manos en el café, tomó una galleta
y se condujo por toda la avenida Manaure
recreando excusas, actuando silencios,
dibujando en la acera muñequitos que se
saludaban amables y eufóricos.
Al final no le dieron el empleo de mímica
por desear los buenos días al entrar
a la oficina.
A Ennio Tucci
Él toma las palabras y arremete contra la ciudad.
Yo tomo las que me contienen, hago curitas,
me disperso y voy colocando una en cada bache,
en cada auto chocado, en los postes eléctricos.
Llego a él y con sutileza le coloco una en la frente.
Beso sus labios, calmo por unos segundos sus ansías.
Alimento su energía, contemplo sus ojos me vacío en él
y lo dejo libre, que destruya todo lo tuyo,
La poesía va detrás, con las curitas, el amor y la energía.
Nombra a 5 Poetas:
Evelin Esteicochea
Críspulo Chávez
jueves 18 de febrero de 2010
Gabriel Figueredo (1981)

Nace en Maracay en 1981 pero reside en San Felipe. Es colaborador de proyectos editoriales como las revistas: Ediciones Yo, Cubile, Pasajeros del bandido, entre otras. Ha publicado “El emisario”. Gran parte de su obra ha sido publicada en diversas antologías de cuento y poesía nacionales e internacionales, así como en diarios locales. Es Co-fundador y actual Director de Ediciones Verbos Subversivos.
Aunque tus besos sin equipajes escriban cartas al olvido
a Alfonsina Piña
En esta lengua promiscua-ecléctica
este desgano desgastado a besos
en estos ojos violentos
esta armadura desarmada a los pies de rocinante
en tu reforzada alegría compulsiva
de piel desnuda acarbonada
de sonrisas estimuladas
ojos asiáticos y comunistas
en este papel ajeno
en este poema que enseñó los dientes
en esta vara gris de exagerada curva
viaducto para las opacas voces
entrañable prosélito del ciclope dormido
te encontré desnuda
en el pico más bajo del mundo te supe dormida
vuelta ninfa entre amasijos de papel
entre verdes negras y rojas tintas
coloreando olas y soles en tardes de párvula madre
carajita de voz ponzoñosa efervescente
aunque tus besos sin equipajes
escriban cartas al olvido
los duendes de tu cuarto harán tratos
con los míos para sacar un par de trapos de tu maleta
mientras llega el efímero no esperado no deseado
a concluir la primera parte de esta obra
Los silencios del tiempo
Los silencios del tiempo
son los vericuetos intransitables del día
la noche fija posición
basta con ahorrar palabras para el abandono
y cantar elegías a los desterrados del sexo
yo también vomité palabras nocturnas
forniqué en tus altares vulnerables
y me robé la última página del diario de mis padres
para guardar el secreto de la muerte que aún no llega
los silencios del tiempo
hablan a escondidas en los tránsitos de luz
dicotómicas rutinas
de la rauda muerte cotidiana
la luz y el vacío
frontales opuestos
para demarcar dominio
ante el vértigo de la tarde que claudica
en la roja hora transmutada
Tostadas al viento
a mi vieja Juana, Flor e Isabel
La memoria se regodea
la abuela cuela el café y sonríe
me brinda de su tinaja
comemos tajadas de locho verde
se ríe y escupe mundos de colores
se transforma en jardín y me embriaga
con toronjas a la leña
mi abuela es un árbol de mamón
al que pensé nunca se le quebrarían las ramas
una abuela es un cuerpo remojado
que tendido al sol no pierde los surcos
su majarete de blanco pecoso
nunca supo que a ella le tragó la mano
una mapanare nocturna
matando así a las muñecas de trapo
mi abuela es una trinidad de vientre y sangre
una dos tres espaldas dobladas al sol
en el eternal conuco de flores saldas
una dos tres mujeres tostadas al viento
tres sonrisas sin tiempo
consumidas entre adictos
Merecidas Maldiciones
Alzaron banderas blancas
mientras clavaban astas a nuestras espaldas
cantaron amores a la noche
y nos envenenaron con su luna
malditas sean las traiciones de los leales
malditas sean sus palabras inocentes
sus miradas esquivas
y la dicotomía de sus favores
alzaron manos al cielo
y nos patearon a escondidas
se cagaron irónicos en nuestras caras
y fueron a lavarse en casa ajena
por eso insisto en maldecir a los traidores
los que venden su casa por el patio impropio
los de doble ánimo
los tardíos
los que sin prisa arañan pies de plomo
y riegan margaritas en vez de claveles
a la muerte
los géminis
los enviados
los apostólicos romanos
los Kilpatrick
los colonizadores
los nuevos escribas del mercado
que cagan best seller a cada paso
Laberintos fugaces
Estas letras no tienen fe
acaso destellos de ilusión somnolienta
esta poesía no tiene género
está inclasificada en la disputa
de tenerlo corro el riesgo de ser llamado poeto
en este idioma sexista
pero me negaría rotundamente
pues la prefiero así
esta poesía ya no me huele
ha sido fiel a su estirpe
inescrutable
me ha abandonado
sin darle tiempo a la división
del pensamiento prófugo
de las luces
ella retozará en brazos nobles
para esperar mientras soñamos la esencia
la esencia nocturna de los laberintos
fugaces
del tiempo y la memoria
Nombra a los oetas:
Alfonsina Piña
Iván Montes
Diego Navarro
Soledad Vázquez
Daniela Saidman
miércoles 17 de febrero de 2010
Jairo Prieto (1987)
Para alguien que quiero mucho y no quiere ser nombrada
Existe una abejita que sigue el rumbo del aire
Ella quiere subsistir en la memoria de las calles
Ella es un monumento que se ha despedido a la turbación del miedo y la desconfianza
A ella la arrastra una decepción; pero esta abejita va llorando pasos, escurre su piel como alba por la mañana
Ella quiere ser eterna, ella esta aquí, ella adora el mar y detesta la soledad
Ay abejita, si tuviera las respuestas te las escribiera en el pecho
En tu alma prevalecerá la insuficiencia de la quietud
Yo vago por las calles y te encuentro distraída.
Sin saberlo, el destino nos untó para ser parte dúctil uno del otro.
Este gozo de ser amantes itinerantes, justarnos ola y arena para hacer el amor sin tiempo, improvisadamente pasan los días y, sé que más allá de mí existen otras praderas que quieres conocer; muchas más antiguas, más dadas; menos fatales,
en la sucesión del tiempo voy extrañándote como un viaje futuro.
Abejita de noche, abejita de tarde, abejita amante, abejita querida del licor, abejita de pecado
Eres una cerveza vista por un alcohólico sin plata
Abejita quieres ir al infierno, abejita llena de dudas; abejita tú mereces un gran poema, pero como escribirlo si esta en ti
Tu desnudez es la ondulación de la parsimonia hecha deseo
Todo se detiene ante ti, date cuenta que soy una de las tantas flores que les quitas el polen.
Date cuenta la proliferación del llanto en los días
Abejita, recuerda que en cada pradera renace un sueño.
¿Por qué quieres pasar por todas las aguas del mundo?
Por todas las aguas del río del mundo
quieres pasar, ¿Por qué ser viento en una montaña brisa?
Ríes, ríes de pena, de resignación.
Eres una cerveza vista por un alcohólico sin dinero.
Estás más resignada que la muerte.
Ojalá encuentres agua fresca, que te haga volar más allá de los 9 infiernos.
Sí, un poco más.
Y, si es hasta mí te recibiré contento.
Esta alba abre los brazos…
Esta alba abre los brazos y
se deshoja; desde su alma
cae en mí, desnuda, y,
oculta su antigua
lobreguez de pasos dados; ha de
permanecer presente
aquí, en este corazón que
se ha considerado
a su hermosura.
La Noche Anhelante
Al caer la tarde
llena de ruidos
inverosímiles.
Me pareció
Imprescindible
escuchar tu pecho
atiborrado de flores,
Pisoteada
por abejitas,
un viento
inalcanzable
más que
por mis besos
es
por el recuerdo.
Me quedé extasiado
con el olor
que se desprendía
de tus pezones
de pétalos de luz
Y
la noche
se encendía
a cada instante.
Con una hoguera
que
eran nuestros
cuerpos desnudos.
Así
nos disipamos,
uno
sobre el otro.
Dando vueltas
y
vueltas incongruentes
en un solo gemido.
Fuimos
desvaneciendo la tarde
hasta que
llegó la noche
Y
nuestros cuerpos
se fueron poniendo
como tizones
separados.
Poco a poco
la intensidad
se iba evaporando.
Las caricias
se fueron
apagando
Y
tus ojos
primero
se quedaron
dormidos,
doblaste
tu
cuello
contra la almohada
y tomaste mis manos
y las colocaste en tus nalgas
extasiadas
y acurrucaste
tu cuerpo junto al mío
y te quedaste dormida
y me invitaste
a meterme en tus sueños
Y
me comencé
a perder
dentro de
enmarañadas quimeras
a tu lado.
Oliéndote.
1
Para qué
buscarle forma al agua,
si es tu rostro
el que me trastoca
Esas delgadas
piernas tuyas
como ríos solemnes,
donde mis manos
pueden navegar
hasta la cueva púrpura
de las ilusiones.
Quién hace tanta bulla
en tus pechos acurrucados.
Para qué recordar
tormentos.
Yo voy constelado
para hacerte
un cielo colorido
de estrellas.
Dame el suspiro
de tus senos,
la complejidad
de tus besos,
la desnudez
de tus palabras,
tus embrujos multiplicados
Caminando
sobre el aire de
mi boca hasta acostarte
en mis vocablos
Y
así entrar
en la cueva de tus encantos.
Quién hace tanta bulla
en tus pechos
envilecidos.
Inventarte
es lo paradisíaco.
Saberme
de presencia tus lunares,
cada esquina
de tu cuerpo.
En mi memoria
hay una sala de
parto donde
amamanto tus
promesas
y no puedo ser
más dado
por perdido.
Tú seguirás
siendo tú
y yo
seguiré
creyéndome yo
en esta
savia inmensa.
Nombra a los poetas:
1. Karen Díaz
2. Edgar Gonzales
3. Neirlay Andrade
4. Paola Rodríguez
5. Nazaret Rojas



